Santa Catalina nació en Alejandría, ciudad reconocida por su importancia cultural y académica. Proveniente de una familia noble, destacó desde joven por su gran inteligencia y profundo interés en las ciencias y letras.
Una visión de Cristo transformó su vida, llevándola a abrazar el cristianismo y prometer su vida a Dios. Catalina defendió su fe frente al emperador Maximiano, quien intentó desacreditarla enviando a los más sabios filósofos a debatir con ella. Sorprendentemente, Catalina convenció a muchos de ellos de abrazar el cristianismo.
Su martirio, incluido el episodio milagroso de la rueda con pinchos que se rompió al intentar herirla, es recordado como un acto de fe y resistencia. Finalmente, fue decapitada por orden del emperador.
El nombre Catalina, de origen griego, significa «pura» o «inmaculada». En España, más de 50,000 mujeres celebran hoy su onomástico en honor a esta valiente santa.
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Santos y beatos del 25 de noviembre