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Ofrenda

Dispón tu corazón y con alegría suma un grano a la obra de Dios.

La ofrenda es personal. “Cada uno de vosotros ponga aparte algo” (1 Cor. 16:2). Nadie está excusado, no importa lo pobre que sea. Como nadie puede bautizarse por otro ni comer la Cena del Señor por otro, nadie puede ofrendar por otro. Un padre no puede ofrendar por su familia. Cada hijo, desde temprana edad, necesita aprender a devolver a Dios una porción. Todos debemos dar porque todos hemos recibido.

Hace falta disciplina. Si separamos la ofrenda para el Señor primero, es más fácil vivir de lo que queda. Si pagamos a todos primero y dejamos al Señor para último, nuestra ofrenda será una sobra.

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